Ezequiel Parolari
Narrativas en crisis: Milei y los desafíos de su relato

Narrativas en crisis: Milei y los desafíos de su relato

Antes de comenzar a adentrarnos en el artículo, vamos a dar un poco de contexto para explicar lo que sucedió hace un par de semanas en Argentina.

Recientemente, el presidente argentino Javier Milei se ha visto envuelto en una controversia relacionada con la criptomoneda $LIBRA. Milei promovió esta moneda desde su cuenta personal en la red social X, lo que llevó a un aumento en su valor antes de un colapso abrupto que resultó en pérdidas significativas para los inversores. Este incidente ha generado investigaciones por presunto fraude y llamados a un juicio político en su contra que no prosperó.

En un intento por abordar el escándalo, Milei concedió una entrevista al periodista argentino Jonatan Viale en el canal Todo Noticias (TN). Durante la grabación, el asesor presidencial de Milei, Santiago Caputo, interrumpió abruptamente la conversación cuando el presidente discutía su implicación en la promoción de $LIBRA. Ese momento, que fue eliminado de la versión transmitida, pero posteriormente filtrado en redes sociales, ha suscitado críticas y debates sobre la transparencia y la preparación del presidente para abordar temas delicados.

El vocero presidencial, Manuel Adorni, comentó sobre la interrupción, la calificó de "innecesaria" y la atribuyó al "defecto de la excelencia" de Caputo, quien, según Adorni, buscaba evitar posibles malentendidos en la audiencia.

Las narrativas políticas no solo sirven para construir liderazgos, sino también para sostener la autoridad. En la campaña, Milei y su equipo apostaron por una épica de confrontación, autenticidad y transparencia. Sin embargo, cuando la comunicación gubernamental entra en crisis, esas mismas bases pueden volverse en su contra.

Las narrativas políticas no solo sirven para construir liderazgos, sino también para sostener la autoridad.

El caso de Milei es paradigmático. Su figura se erige sobre la idea de alguien que dice lo que piensa sin miedo, que enfrenta al ‘sistema’ y no negocia con la casta. Pero, cuando un asesor debe intervenir para evitar que el presidente responda sobre un tema puntual, el mensaje que se transmite es el contrario. Ahora cabe preguntarse: ¿es realmente dueño de su discurso o está condicionado por su entorno?

El problema central aquí es la contradicción entre el relato y la práctica. Una narrativa política exitosa no solo se construye con palabras, sino con acciones que la refuercen. Si el ‘león’ parece necesitar una correa, la credibilidad se erosiona. Y en un contexto donde la imagen lo es todo, la crisis de comunicación puede transformarse rápidamente en crisis política.

En un contexto donde la imagen lo es todo, la crisis de comunicación puede transformarse rápidamente en crisis política.
¿QUÉ OCURRE CUANDO EL RELATO SE AGOTA?

El riesgo de cualquier liderazgo basado en una narrativa disruptiva es que, una vez en el poder, la épica del enfrentamiento pierde sentido si no se traduce en resultados tangibles. En el caso de Milei, su popularidad aún se sostiene por la expectativa de cambio, pero el tiempo corre en contra de los relatos inconclusos.}

El riesgo de cualquier liderazgo basado en una narrativa disruptiva es que, una vez en el poder, la épica del enfrentamiento pierde sentido si no se traduce en resultados tangibles.

Cuando el relato se agota, la expectativa inicial se transforma en frustración y apatía. La promesa de cambio se vuelve una deuda pendiente y el discurso, antes po-tente, empieza a sonar vacío. Y es justamente ese vacío en la narrativa, el que deja espacio para que otros actores ocupen la escena, ya sea desde la oposición o desde el propio oficialismo. En ese proceso, los seguidores más fieles pueden convertirse en críticos, mientras que los sectores más moderados —que dieron su apoyo como voto de confianza— se distancian.

Además, la erosión de la narrativa abre la puerta a una nueva disputa simbólica: quien logra definir la razón del fracaso se posiciona para liderar el próximo capítulo político. La crisis de relato no solo mina la autoridad del líder, sino que fragmenta la coalición que lo sostiene, lo que genera incertidumbre y desgaste acelerado.

¿Qué define si una narrativa en crisis se convierte en una oportunidad o en una sentencia? La respuesta radica en la capacidad de reconectar con la sociedad antes de que el desencanto se transforme en rechazo. La clave es asumir que el relato original ya no alcanza y que solo una narrativa renovada puede devolverle sentido al liderazgo. Porque, en política, las narrativas se construyen, pero también pueden colapsar. Y cuando eso ocurre, el vacío que dejan suele ser el principio del fin.

La clave es asumir que el relato original ya no alcanza y que solo una narrativa renovada puede devolverle sentido al liderazgo.
¿CÓMO RECONSTRUIR EL RELATO?

La reconstrucción narrativa exige más que una nueva estrategia comunicacional: requiere una reconf iguración del vínculo con la sociedad. El desafío para el presidente Milei —y para cualquier liderazgo en crisis— radica en abandonar la lógica de la confrontación permanente para pasar a una narrativa de resultados. Esto implica establecer hitos concretos que funcionen como pruebas tangibles del cambio prometido.

El liderazgo disruptivo puede evolucionar hacia una narrativa de eficacia sin perder su identidad, pero solo si logra articular tres elementos clave: coherencia, humildad y participación. La coherencia demanda alinear el discurso con las acciones, la humildad exige reconocer errores sin que eso se perciba como debilidad y la participación invita a construir consensos sin renunciar a la esencia del proyecto.

Las narrativas no son estáticas: se transforman o se extinguen. La capacidad de adaptación es lo que define si un liderazgo perdura o se disuelve.

Reconstruir una narrativa impli-ca también redefinir los símbolos que la sustentan. Si la épica inicial giraba en torno a la confrontación, la nueva narrativa debe trasladar el protagonismo hacia los logros concretos. Comunicar avances, aunque sean parciales, genera una percepción de movimiento que contrarresta el desgaste. La autenticidad, lejos de quedar opacada, puede resignificarse como transparencia en la gestión.

Las narrativas no son estáticas: se transforman o se extinguen. La capacidad de adaptación es lo que define si un liderazgo perdura o se disuelve. En tiempos de crisis, las palabras solas no bastan: son los hechos los que reescriben la historia y determinan el nuevo camino a seguir.